Silencio by Marta Ferrón Carbonell

This story is one of the September Writing Challenge entries chosen to be a featured story.

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Y de repente se hizo el silencio. Pocos minutos antes, la luz de mi habitación seguía encendida y la bombilla de mi lamparita, la cual producía esta luz, ardía de mala manera debido a la energía en forma de calor que esta desprendía.

Mas ahora, yacía tumbada en la cama, envuelta entre en mis sábanas y con mi cabeza reposada en la dura, pero cómoda, almohada. La poca luz de las farolas que se colaba entre las rendijas de mi vieja persiana no era suficientemente intensa como para dejarme ver que había entre aquellas cuatro paredes a las que denominaba “mi nueva habitación”. Hacía poco que me había mudado a esta vieja casa de campo y aún echaba de menos mi antigua apartamento en el centro de la ciudad, era un cambio radical lo sé pero lo necesitaba.

Intenté cerrar los ojos y pensar en cualquier cosa que hiciera evadirme del silencio tan incómodo y frío que me envolvía. Mi intento fue en vano, intenté centra mi atención en cualquier sonido, por pequeño que fuera, que rompiese ese silencio. Nada.

Pasaban los minutos y yo ya me estaba empezando a desesperar, no pensaba volver a pasarme despierta toda la noche. Estaba harta de sufrir insomnio. Pero justo cuando mi mente y mi cuerpo ya empezaban a desistir, unos susurros alertaron todo mi ser y amplificaron todos y cada uno de mis sistemas. La adrenalina recorría cada parte de mi pequeño y delgado cuerpo.

Los murmuros cesaron. No entendía nada de lo que estas decían, si es que decían algo. No sabía si eran palabras, frases o simples fonemas, para mí solo era ruido que se mezclaba entre el silencio. Y de repente un ruido cercano hizo que mi piel se erizase, no sabía que era el causante de este pero parecía como si algo se hubiera caído.

Rápidamente fui a encender la luz pero cuando mis dedos se posaron sobre el interruptor y estos aplicaron una leve pero intensa presión sobre este, la oscuridad no desapareció. Seguía allí, envolviéndome.

Los murmuros volvieron. Esta vez más fuertes, más intensos, más profundos… pero seguía sin entender nada de lo que estos decían. Cada vez parecían estar más cerca de mí. Mis dedos seguían presionando el interruptor –clik, clik, clik– cada vez más rápido –clik, clik, clik– cada vez con más fuerza –clik, clik, clik– cada vez con más desesperación.

La voz de la cual procedían los murmuros estaba más cerca de mi cama, era más fuerte. Notaba como mi corazón bombeaba sangre cada vez más rápido y parecía que este se me iba a salir del pecho. Mis ojos estaban cerrados por miedo a arrepentirse de ver a alguien o “algo” frente a mí.

-No deberías haber venido aquí-.

Clik. Se encendió la luz.

 

SILENCE (TRANSLATION)

And suddenly there was silence. A few minutes before, the light of my room was still on and the bulb of my lamp, which produced this light, burned badly due to the energy in the form of heat that it gave off.

But now, I was lying on the bed, wrapped in my sheets and with my head resting on the hard but comfortable pillow. The little light from the streetlights that slipped through the cracks of my old blinds was not intense enough to let me see what there was between those four walls which I called “my new room.” I had recently moved to this old country house and still missed my old apartment in the center of the city. It was a radical change, I know, but I needed it.

I tried to close my eyes and think of anything that would make me avoid the uncomfortable and cold silence that enveloped me. My attempt was in vain. I tried to focus my attention on any sound, however small, to break that silence. Nothing.The minutes passed, and I was already beginning to despair. I did not intend to be awake again all night. I was sick of insomnia. But just when my mind and body were already beginning to desist, a few whispers alerted my whole being and amplified each and every one of my systems. Adrenaline ran through every part of my small, thin body.

The murmurs stopped. I did not understand anything of what they said, if they said anything. I did not know if they were words, phrases, or simple phonemes. For me it was only noise that mixed between silence. And suddenly a noise nearby made my skin stand up. I did not know what was causing it, but it seemed as if something had fallen.

I quickly went to turn on the light, but when my fingers landed on the switch and applied a slight but intense pressure, the darkness did not disappear. It was still there, wrapping around me.

The murmurs returned. This time stronger, more intense, deeper… but I still did not understand anything that they said. Each time they seemed to be closer to me. My fingers kept pressing the switch –click, click, click– faster and faster –click, click, click– every time with more force –click, click, click– every time with more desperation.

The voice from which the murmurs came was closer to my bed; it was stronger. I noticed how my heart pumped blood faster and faster, and it seemed that it was going to come out of my chest. My eyes were closed for fear of regretting seeing someone or “something” in front of me.

“You really shouldn’t have come here.”

Click. The light came on.

 

 

 

Marta Ferrón Carbonell
16
Spain
Germ Magazine guest author
… is a contributing guest author for Germ, which means the following criteria (and then some) have been met: possessor of a fresh, original voice; creator of fresh, original content; genius storyteller; superlative speller; fantastic dancer; expert joke teller; handy with a toolbox; brilliant at parties; loves us as much as we love them.

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